jueves, 4 de noviembre de 2010

FELIPE. Capítulo XII

Una noche de esas noches en las que no existe el reloj, que no se tiene conciencia del paso del tiempo, en medio de discusiones de temas de lo más diversos, entre banales y profundos, con su nuevo amigo Pedro, Felipe sintió de pronto la suficiente confianza para poder contarle a su amigo casi naturalmente sobre aquella tarde y la grata sorpresa que se llevo al conocer a la autora del mejor cuadro de la muestra en la que había nada menos que trabajos originales de Pablo Picasso. Le contó que era misteriosa, era hermosa, era sensible, era tímida, remarcó lo nuevo de sus sensaciones y lo nervioso que había estado él al tenerla frente a frente. Pedro lo escuchaba atentamente, lo observaba y en su cara se empezó a dibujar una sonrisa. Interrumpió a Felipe con una sentencia tan sencilla, directa y obvia, como revolucionaria para la nueva mente de su amigo: Estás enamorado, le dijo.

Felipe se quedo callado, no sabía que decir, no sabía que sentir, no podía llegar a comprender totalmente a Pedro aunque, claro, tampoco era cuestión de andar divulgando que a pesar de aparentar ser un adulto, aunque joven, en realidad llevaba pocos meses en este lugar del mundo, por decirlo de alguna manera. Pedro comenzó a reír:

- No me vas a decir que no te habías dado cuenta, esas cosas del amor a primera vista yo creía que solo nos podían pasar en la infancia y la primera adolescencia. Es gracioso porque pareces ser tan maduro y aplomado, y a la vez sos como un chico de jardín de infantes.

Felipe sonrió cómplice, sabiendo su secreto en lo profundo de su ser, y recordando que se prometió jamás contárselo a nadie. También estaba empezando a entender estas nuevas sensaciones que eran propias de su nueva condición, no había notado cómo se puede desnudar el alma con un par de frases. Era la primera persona con la que se había animado a hablar de esta misteriosa pintora y enseguida descubrieron lo que él estaba empezando a sentir, aún casi antes de que él mismo fuera conciente de todo esto. Pensó unos instantes y reflexionó:

- Creo que lo peor de todo esto es que no se nada más de ella, ni donde vive, ni cuando vuelve a exponer, ni siquiera si es de Buenos Aires. Apenas sé su nombre, y encima no tuve ni el valor de volver el día de la subasta de sus trabajos, para poder volver a hablar con ella, para saber algo más, o al menos para verla.

Felipe pasó, en unos minutos, de una inmensa sensación de plenitud a un vacío de angustia total, la complejidad de la mente y las relaciones humanas le dieron una lección con el envión de una cachetada imprevista y con la escasa claridad de una fotografía maltratada por el tiempo. Empezó a entender que el azar con que se manejaba en su vida anterior, nada tenía que ver con el momento presente, y solo lograría aquello por lo que se esforzaba, insistía y analizaba para obtener. No todo es color de rosa y ser feliz, vivir estas nuevas sensaciones con intensidad, implicaba correr riesgos que, en algunos casos aun no estaba listo para enfrentar, o peor aun, desconocía las eventuales consecuencias.

lunes, 20 de septiembre de 2010

FELIPE. Capítulo XI

Los días siguientes continuaron entre colores y pinceles, mientras una insistente lluvia, con su constante murmullo percusionista, arrullaban la mente de Felipe que estaba descubriendo una nueva pasión. Tenia un sentimiento recurrente que le golpeaba el pecho, jamás podría él animarse a semejante desnudo que significa hacer una exposición de sus trabajos tan crudos ante los ojos de unos pocos verdaderos amantes del arte y la pintura, y peor aun, de muchos mas curiosos, críticos, y demás fauna pasatista de este tipo de lugares. Felipe no dejaba de entristecerse al ver en que se había convertido el arte en el siglo XXI, cuando había leído sobre épocas pasadas y muy lejanas ya, en las que las distintas artes servían como medio de expresión de nuevos ideales, inquietudes y cosmovisiones del hombre sobre su propio ombligo, ¿Será que el paso del tiempo y la acumulación de décadas sin revoluciones artísticas han llenado de telarañas las cabezas globales del arte? ¿Por qué ya no es un dilema ético ni ideológico en que lugar se posiciona el hombre para mirarse a si mismo? ¿Estaremos tan cegados mirando nuestro ombligo, durante tanto tiempo, que no somos capaces de advertir que talvez vivamos en la pelusa añeja de nuestro centro de gravedad?

Felipe conoció un nuevo sentimiento que se instalo en su alma, la tristeza sostenida e insuperable que generan las cosas que no se pueden cambiar: melancolía se llamaba su estado. Sabía que por su nueva condición, por lo reciente de su trascendencia, jamás podría soñar por hacer algo para sacudir el polvo de su melancolía, y comenzaba a sospechar además, que tendría que haber muchas mas personas que convivan todos los días con cargas similares. Era extraño comenzar a entender la complejidad de su nueva vida, de poder ver la diferencia radical encerrada en el libre albedrío y la complejidad que representaba para él, poder contar con un vasto modo de comunicación, en constante proceso de reciclaje, aunque Felipe lo sintiera como guarida a estrenar. Es por eso que inmediatamente adopto la pintura como medio de lenguaje propio, talvez por facilidad, talvez por conservar la memoria en sus músculos de una pasada agilidad y motricidad directamente incompatibles con sus nuevos pares. Y mas conocía, y mas estudiaba, y mas investigaba, su interés crecía hasta llegar a sentirse cada vez más ignorante, y también cada vez mas alejado del común de la poca gente que había conocido desde… bueno, a partir del día en que dejamos de vernos.

Ya han pasado varios meses pero aun un costado de mi cerebro se niega a aceptarlo, mientras que la otra mitad simplemente no lo entiende. Más allá del extraño episodio que produjo todo esto, la pregunta que no deja de atormentarme es: ¿Por qué? Por qué Felipe finalmente llego a aceptar de buen grado la propuesta, por llamarla así; porqué su instinto no lo detuvo y prefirió una vida en principio demasiado distinta, y como mínimo autodestructiva, comparada con antes. Sé que esas respuestas talvez no las tendré nunca, y hasta estoy empezando a dejar atrás ese resentimiento que despertara en mi ideas tan oscuras. Ahora estoy empezando a pensar de una manera diferente, y mis planes presentes tienen que ver con iniciar una búsqueda que me permita reencontrarme con su alma, y poder decirle, no se, alguna tonta palabra que me tranquilice al menos y me reconcilie con todas estas suciedades internas. Por lo pronto no tengo ni la menor idea de cómo empezar, y menos aun, si Felipe se dará cuenta de quien soy. Aun así creo que valdrá la pena el intento.

lunes, 30 de agosto de 2010

FELIPE. Capítulo X

Cada vez que Felipe se sentía angustiado y desbordado por su existencia, se refugiaba en el saber. Siempre sabía que podía encontrar en un libro de ciencias, una novela, una enciclopedia de historia, bálsamos capaces de remediar cualquier depresión existencial.

Salio a caminar mientras llenaba su vacío físico con chocolate negro, una potente medicina anti-depresiva. No le importaba caminar decenas de cuadras cuando se dirigía a la Biblioteca Nacional a dejarse llevar por la paz del hormigón armado y el olor a papel viejo. El cielo estaba de su lado ese día: era una masa única de aluminio fundido, sin diferencias de color, sin distinguirse ninguna nube, sin saber si el sol estaba encendido o lo habían reemplazado por una incalculable lámpara fosforescente.

Se dirigió ansioso al mostrador y pidió libros de pintura moderna, todo lo que este editado en color y repase la historia de las vanguardias del siglo XX. Investigo durante horas, hasta llenarse nuevamente, y se despertó en él un deseo de probar por si mismo qué le salía si intentaba pintar algo, cómo se sentía después, y si podría llegar a experimentar sensaciones similares a las que seguramente habría sentido Juana Tompson. De repente salio disparado para su casa, sentía ganas de expresar cosas que las palabras no le permitirían decir fácilmente.

Al cabo de toda una noche pintando cualquier idea que se le venia a la mente, de pronto lo sorprendió el amanecer y recordó la triste escena de la niña mirando su espejo. Sintió una profunda angustia, mezclada con una esperanzadora alegría. Con una nueva sensación de paz y alivio se durmió en el piso, como si nada hubiera cambiado en su vida. Un instinto ancestral se apodero de él al haber pasado horas expresándose en forma tan primaria y cruda que pocas personas creerían que se trataba de un hombre adulto. Comenzaba a entender que no toda la gente era igual, que algunos podían escapar de su coraza hostil a la defensiva y dejarse llevar por sentimientos valiosos e intangibles.

Al día siguiente se levanto y fue a trabajar lleno de esperanza. Una nueva sensación de vitalidad se apodero de el y lo hizo volver a apreciar la rutina de la que no se sintió preso, sino parte importante. Mientras hacia su trabajo no dejaba de pensar en cuanto podría valer el cuadro de la niña triste, cuanto ofrecerían todos esos snobs que solo pasaban a ver el Picasso, quien seria el extraño ser que le haría una contraoferta para que él no se lo lleve. De pronto pensó en otro plan más arriesgado: trataría de hablar con la autora para decirle que lo retire de la subasta porque él se lo compraría personalmente. Ella talvez pensaría que Felipe era un desquiciado excéntrico, talvez un asesino obsesionado con su obra, o que simplemente se trataba de un alma similar que tenia sensibilidades parecidas: ninguna de las tres, no tiene sentido, es una locura; pensó.

lunes, 9 de agosto de 2010

FELIPE. Capítulo IX

Y mientras tanto, acá estoy yo. Ya nunca seré el mismo que era cuando Felipe no era. El ser mas increíblemente libre que conociera en mi vida se estaba encerrando el solo en vericuetos ajenos a su naturaleza. Cada recuerdo anterior venia a mi mente con la única razón de atormentarme, de hacerme sentir una nostalgia casi rencorosa, de pensar en varias maneras de recomponer todo esto: ideando planes para deshacer el extraño conjuro, por así llamarlo, para tenerlo otra vez acá, en perpetuo silencio, en eterno diálogo. Las más locas fantasías me desvelan una y otra noche. Hoy voy a cortar por lo sano, voy a tomar hasta perder la memoria, si es que esto no la aviva más.

¡Basta Felipe! ¡Salí de una vez de mi cabeza! … pero no quiero olvidarte, quiero inmortalizarte, quiero ir para atrás, para vos que vallas para adelante. Me levanto sobresaltado, pateo la botella vacía y solo consigo romper un cuadro con una foto nuestra, de épocas… ¿Pasadas o futuras? ¿Felices o desgraciadas? Ya ni yo puedo saberlo.

Y finalmente, siendo las 3 AM, un relámpago me hizo ver la luz. Esa misma que tanto te atraía antes. Si concreto mi plan, talvez todo quede anulado. Aunque bien podría ponerle un trágico fin y perderlo todo, perderte por completo. Es un riesgo alto, pero talvez la única salida. Quisiera tener otra oportunidad de hacerte entender que todo esto que nos alejó, es peor para los dos. Ni podrías imaginar lo infinitamente felices que seguiríamos siendo.

Me acabo de dar cuenta que estoy gritando solo. Pienso que es probable que realmente estés mejor con tu cambio de vida, y que te engañes con estar conociendo la felicidad. ¡Conmigo eras feliz! ¡Y yo también lo era! Pero ya no me escuchas. En realidad creo que nunca lo hiciste. Basta. 4:23 AM. Tengo que dormir.

lunes, 19 de julio de 2010

FELIPE. Capítulo VIII

La pregunta lo tomo por sorpresa, provenía de una voz masculina de tono amistoso pero irónico. Felipe se sobresalto por la sorpresa de no haber oído pasos previamente pero disimulo quedándose frente a la pintura.

- Disculpe mis modales, me llamo Rogelio Sánchez, soy el curador de ésta y todas las muestras que tenemos en la galería.

- Dijo orgulloso con la frente en alto.

- Es maravillosa, jamás vi tanta crudeza junto con tanta alegría naive, creo que cualquier precio es poco para ésta maravilla. – Un Felipe casi eufórico.

- ¿Usted se refiere a la autora o a su obra?

Felipe sintió que invadían su cerebro, que lo desnudaban por completo en la calle y frente a miles de desconocidos. Pensó cómo podría ser que éste tipo pedante e insensible era capaz de, primero ser el responsable de una muestra de tan buen gusto, y por otra parte haber descubierto algo de lo que ni él mismo era todavía conciente.

Felipe fingió no dar importancia al comentario del tipo y solo comentó por lo bajo que no conocía a la persona responsable de la pintura. Rogelio Sánchez acomodó sus anteojos, inquieto, y rápidamente adopto un tono informativo para referirse a Juana Tompson, comentando que era una de las mejores alumnas de la escuela de artes en cuanto a la gama de técnicas que había logrado desarrollar en apenas un año de clases, pero que muy por el contrario, era sumamente irresponsable y desordenada a la hora de presentar trabajos, rendir exámenes, cumplir horarios. Felipe sintió una extraña mezcla de celos, admiración y curiosidad por saber más de ella. Transcurridos unos eternos segundos, se dio media vuelta y le dijo al hombre:

- Se la compro, póngale precio.

- Jeje, tranquilo buen hombre. Lo invito a la subasta que realizaremos la semana próxima, cuando termine la muestra. – continuó informando Rogelio Sánchez.

Felipe le agradeció cordialmente el dato al curador y se fue apurado. Mientras caminaba pensaba varias cosas: debía comprar esa pintura, hacer una oferta lo suficientemente generosa y tentadora, y además, tenía que ponerse a investigar sobre pintura en general, ante una eventual charla con Juana. De pronto sintió que debía empezar a pintar él también.

lunes, 5 de julio de 2010

FELIPE. Capítulo VII

Los días siguientes fueron mecánicos, realizaba cada tarea como una maquina programada para no fallar, y cada situación que le dejaba unos segundos de espera, eran suficientes para que se pusiera a pensar en esa niña, en esa escena, en ese contraste, en esa mujer. Cuando pudo volver a la realidad, comenzó a notar esta falta de atención hacia cualquier cosa que hacia y sintió un irrefrenable deseo de volver a ver ese famoso cuadro. Algo en su interior lo detuvo, si volvía tendría que enfrentarse con ella otra vez, de nuevo mirarla, y nuevamente no saber que decirle. Luego recordó que aquel día, los artistas estaban presentes en la muestra porque la estaban inaugurando, seguramente si iba esa misma tarde, la galería seria un desierto.

Termino rápida y eficazmente su trabajo y se puso a repasarlo solo para matar el tiempo. Cuando el reloj dio las 5, salio disparado. Ese día el cielo ofrecía un sol esplendido y el frío comenzaba lentamente a cesar. Felipe pensó que cada persona que se cruzaba en su camino estaría feliz por esta eventualidad climática, y afirmo para si mismo: es muy fácil estar contento con un día así. Él sostenía que los verdaderos momentos de felicidad tenían que suceder necesariamente en un día lluvioso, sin ningún remedio más que encontrarse con los pensamientos y sentimientos propios; solo en esas tardes de supuesto tedio donde la naturaleza no nos deja ninguna excusa para “ser felices”, es cuando verdaderamente se puede experimentar una sensación de bienestar verdadera.

Felipe entró con decisión en la galería y fue directamente a ver la pintura de Juana Tompson. La sala era un desierto, solo había un puñado de personas observando el cuadro de Picasso, así él pudo detenerse en su nueva obra favorita y analizarla en detalle y sin prisas. Aunque el trabajo formaba parte de una supuesta colección de nuevos artistas relacionados con el cubismo, por su técnica, en realidad poco tenía que ver con el resto de las pinturas expuestas: era dueño de un estilo propio y particular. El clima general de la escena parecía reflejar un profundo sentimiento de angustia de la autora a la hora de pintarla. Claramente mostraba una cabeza dividida en dos, sintetizaba una lucha interna entre la tristeza, la soledad, la desesperanza, el miedo a crecer y la angustia, por un lado; y por otro mostraba el costado socializable, lo que cualquier niña buena y bien educada debería hacer o sentir para estar aceptada y bien vista por la sociedad, o por su circulo familiar. Todas estas sensaciones eran algo tan ajeno y novedoso para Felipe que lo llevaron a arrepentirse de su vida anterior.

Felipe estaba muy concentrado en su análisis, parecía estar ya recibido de critico de arte, seres nefastos si los hay. Hasta que una persona se acerco y le dijo:

- ¿Esta interesado en comprarla?

martes, 22 de junio de 2010

FELIPE. Capítulo VI

Pasado un largo rato, Felipe no podía sacar su mirada de éste cuadro, y ya sus ojos se habían mimetizado con los de la niña de la pintura: él también los tenía enormes, vidriosos, tristemente negros. Mientras Felipe estaba ya metido completamente en la escena, detrás de él otra persona contemplaba ahora como el cuadro se había ampliado: la pintura pasó a ser una instalación con un hombre de espaldas mirando a través de un espejo a una niña de espaldas, conectados entre si e ignorando por completo la supuesta felicidad del mundo exterior, con los niños jugando.

- Que tal, mi nombre es Juana Tompson, soy la autora de la pintura. – Dijo ella en tono informativo.

Felipe volteó lentamente y al verla, su expresión de infinita tristeza se transformó en un rostro de fascinación. Se miraron por unos segundos y Felipe, ante la sensación de haber quedado expuesto en sus sentimientos, volteó rápidamente hacia el cuadro.

- ¿Usted cree que alguien la entienda y pueda comprarla? Me parece que acá todos vinieron sólo a ver a Picasso. – Preguntó Felipe con ironía.

- Sinceramente no me importa eso. – Solo contestó ella.

Felipe creyó haber salido de la situación incomoda, a salvo del supuesto peligro de haber mostrado sus sentimientos jamás vividos antes por el. Rápidamente se alejó del cuadro y su autora, fingiendo interés en otras obras cercanas, y unos momentos después, volteó para mirarla a ella otra vez. Juana Tompson miraba hacia el piso y por su expresión parecía no estar en el mismo tiempo y espacio que el resto de la gente. Se la veía con una mirada triste y nostálgica, aunque con una leve sonrisa de felicidad.

Mientras la gente seguía agolpándose para ver de cerca al Picasso, de la misma manera que se agolpaban otros afuera para escapar de la maravillosa lluvia, Felipe que aun estaba alterado por la situación, se fue rápidamente de la galería con pasos largos y decididos mientras la lluvia iba mojando completamente su pelo y su saco. Nunca había estado así de incomodo, nunca se había entristecido tanto por ver un cuadro, y desde ya, nunca había visto a una mujer tan misteriosa y oscura, tan transparente y perfecta. Solo necesitaba caminar bajo la lluvia…

lunes, 7 de junio de 2010

FELIPE. Capítulo V

Felipe devoraba libros, visitaba regularmente el cine y asistía a cada muestra de arte que llegaba a la ciudad. Estos pequeños ratos suyos lo ayudaban a soportar su nueva vida de sillas, cafeína y bidones de agua ilimitados, que disfrutaba cada día hábil entre las 8:45 y las 9:15, pero que fantaseaba con destruir a golpes, también cada día hábil, alrededor de las 15:50. Es increíble como la vida rutinaria puede ser tan cruel con una persona como él, llevándolo al extremo de agendar sus sentimientos inconcientemente, para cumplir con la cita infinita de cada día. Ése viernes salió ansioso de su edificio de vidrio eterno y se dirigió a la nueva galería de arte que celebraba su apertura con una muestra de cuadros cubistas de varios artistas. En su recorrido, la ciudad lucia maravillosa: caía una intensa y constante lluvia. Estos accidentes climáticos, estos climas “desmejorados” para el común de la gente, eran los mejores momentos de paseo para Felipe. Hombres y mujeres enloquecían, corrían, se empujaban, insultaban mirando al suelo, bailaban extrañas danzas esquivando puntas metálicas; en suma, la ciudad se volvía una antigua película sordomuda en cámara rápida. Al llegar a la muestra, la gente que estaba en el lugar parecía no estar enterada de este supuesto caos reinante en el exterior. Los trabajos expuestos obligaban al cerebro a remontarse a un mundo paralelo donde las figuras y las proporciones están sensiblemente alteradas. La vedette de la muestra era un pequeño cuadro ubicado en el lugar más privilegiado e iluminado de la sala, firmado por un tal Pablo Picasso. Felipe lo observó apenas unos minutos, para seguir su recorrido por el resto de las obras. Se había impuesto ver a cada cuadro con los mismos ojos, sin dejarse encandilar por los nombres de los grandes autores. En una sala anexa, de menor tamaño que la primera y bajo un acogedor cielorraso abovedado de ladrillos, estaban expuestos un puñado de cuadros de nuevos artistas con los que uno incluso podía tener la oportunidad de comentar las obras, porque se encontraban allí presentes. Felipe se detuvo durante un largo rato en una pintura que mostraba una habitación oscura a través de cuya ventana se veían un grupo de niños felices jugando bajo el cálido sol de una perfecta tarde de verano, con perros y mariposas a sus alrededores. Ésta escena tenia un papel protagónico en la composición y la mayoría de la gente que pasaba delante de la pintura, apenas observaba está situación unos segundos y seguía su recorrido. Pero Felipe estaba maravillado e intrigado con el costado inferior izquierdo del cuadro, donde se veía una niña sentada de espaldas al espectador, que se miraba a un espejo rajado y mostraba una borrosa expresión difícil de dilucidar a simple vista. La niña del cuadro tenía dos grandes ojos negros que contagiaron en Felipe una inmensa sensación de tristeza y desesperanza, un nudo en su estomago que él jamás había sentido antes.

lunes, 31 de mayo de 2010

FELIPE. Capítulo IV

Con semejante hallazgo, Felipe se encontró de pronto frente a una contradicción que no podía entender: el haber evolucionado le permitió percibir ambos caminos del arte, dándose cuenta por si mismo de los infinitos senderos que puede seguir la mente humana, poseída por una inquietud artística; pero por otro lado le resultaba increíble el hecho de que solo él parecía advertir y reconocer el otro gran sub-grupo de artes que, en su mayoría, eran también obra del hombre, que están ahí delante de nuestros ojos todos los días, que nos sacan una sonrisa silenciosa cuando nos sorprendemos creando una de ellas, que nos enseñan a veces la grandeza y sencillez de la mente humana, y en otras ocasiones nos disminuyen al mínimo ante la perfección, azarosa o no, de la naturaleza.

El tiempo hizo entender a Felipe que también las artes generan, manifiestan y demuestran sentimientos intensos que tampoco percibe mucha gente. A veces la grandilocuencia de la técnica llevada al máximo, en forma gloriosa en algunos casos, hace aún mas difícil llegar a ésta raíz sensible y hasta sencilla de un producto artístico. Muchos “conocedores” se desinflan de palabras de elogio a determinada pincelada, o la forma proporcionada en que se ubican los protagonistas de la composición y jamás se hace referencia al oscuro camino que lleva al artista a expresar determinada idea o sentimiento.

Esto es peor aún dentro de las artes cotidianas, supo observar Felipe, ya que, en la gran mayoría de expresiones de esta “corriente” la técnica es prácticamente nula y hasta incluso, éstas artes se manifiestan por puro azar, que nunca es tal si se indaga a fondo sobre el sentimiento que la generó. Y con respecto a las expresiones de arte cotidiana debidas a la naturaleza, al no estar atribuidas a ningun individuo y además, en muchos casos, contar con la posibilidad diaria de apreciarlas, se las pasa por alto por obvias, por fáciles de obtener, por gratuitas. Generalmente en este rubro son mas valoradas las expresiones que implican una espera, un desplazamiento para su apreciación. Cabe aclarar que éstas formas naturales muchas veces nos revelan aquellos sentimientos que se encuentran en lo profundo de cada alma: como toda manifestación artística, son de libre interpretación.

miércoles, 26 de mayo de 2010

FELIPE. Capítulo III

Pasada la emoción de las primeras etapas de su nueva vida, llego la meseta de su sentir, y Felipe no encontraba nuevos desafíos, objetivos, y todo le resultaba chato, predecible. Comenzaba a plantearse experimentar aquellas cosas que desconocía en su anterior vida pero: ¿Cómo intentar probar aquello que se desconoce? Quería vivirlo todo pero no sabía por donde comenzar, no imaginaba las experiencias que esta nueva vida le presentaba, y sobre todo ignoraba aquellos sentimientos que él antes ni en sueños podía sentir. Los seres superiores no tienen emociones fuertes, no experimentan sentimientos extremos ni se dejan llevar por impulsos pasionales; todo esto los inmuniza del sufrimiento en cierta manera, pero los exime de la posibilidad de llevar al máximo las pasiones. Es considerado un bien de los sabios el no apasionarse, no dejarse llevar por arrebatos y hasta incluso no conocer el llanto o la risa extremas.

Aquellas pequeñeces que antes él ni miraba ni registraba ni consideraba siquiera existentes, ahora se cruzaban delante de sus “nuevos” sentidos haciéndole sentir maravillosas inquietudes: ingresó al mundo de los sentimientos terrenales a través de las artes de todo tipo. Como no estaba condicionado por ninguna alteración ideológica, aprendió en forma autodidacta a descubrir el arte en cada situación cotidiana que el resto de la gente pasaría por alto sin más. Los grandes maestros de la pintura, la escultura y hasta el cine lo hacían experimentar sensaciones que él creía extremas por tratarse de novedades. En su estadío evolutivo anterior (cronológicamente hablando, y no en forma peyorativa), Felipe era ajeno totalmente a este tipo de experiencias. Ahora las artes se dividían en dos grandes grupos, según su propio y arbitrario criterio: las “artes altas”, realizadas por grandes maestros, en tiempos remotos, con realidades contextuales muy diferentes, ostentadoras de una técnica sin igual; y por otro lado, las “artes cotidianas”, pequeñas intervenciones, disposiciones en el espacio, elementos conjugados azarosamente, trazos simples, palabras escasas y hasta perfectas realizaciones de la naturaleza, que están ahí a la vista de todos, pero solo las descubren como tales apenas un puñado de seres.

Ésta clasificación de los tesoros del hombre lo llevaron a conocer el verdadero motor que los hace posibles, la razón que desvela al pintor buscando el matiz exacto de un color, el motivo que hace al director pasar frío hasta lograr la toma magnífica del amanecer, la causa que se apodera del alma del escultor y lo hace elegir a esa piedra por sobre cualquier otra: solo los sentimientos pueden explicar todas estas inquietudes que parecen poseer al artista.

jueves, 20 de mayo de 2010

Cielo de aluminio



>>el día está ideal para releer una cosa que escribí hace unos años...<<

Cielo de aluminio, esta fundido otra vez
te deprime tanto brillo, destellando lo vez.
Bosque sin vida, de estacas cableadas,
conectame con las almas que no necesitan al sol.

Sacos alienados van a salvo de sentir,
piezas de tablero, muy grande para patearlo.
Oro en la vereda, gran techo plateado,
riqueza de todos, que unos pocos podemos ver.

Cielo de aluminio, esta fundido otra vez,
te deprime tanto brillo, destellando cada tres...
minutos siempre faltan, si solo ves lo que se ve.

Sistema saca vidas enteras, y devuelve centavos de momentos,
hacia abajo ganado de subte, acostumbrate a la tierra,
enlatando tus ideas, rutinaria es tu tragedia.

Autor: Adrián J. González Navarro

lunes, 17 de mayo de 2010

FELIPE. Capítulo II

Todo se complico cuando Felipe decidió hacer algo superior, aunque en realidad se trataba de bajar de categoría todo su potencial intelectual, minimalista y de sencillez sabia, para pasar a ser uno de nosotros al menos como experiencia de ser superior que desea cada tanto bajar a la tierra de los mortales mediocres. Sin que se sepa bien todavía como sucedió todo o si realmente pasó, yo lo recuerdo así: su cuerpo empezó a ser similar al mío con el porte de un extraño que sorprendió a Felipe, y paso a vivir librado de mis ataduras pero encerrado en la totalidad de nuestra realidad. Para él significo un cimbronazo absoluto, un trampolín hacia un mundo desconocido y excitante; no podía ver como yo un lugar rutinario con su educación alienante, su saturante y chato empleo de 8 horas de tedio y repetición y hasta sus ratos de belleza urbana viendo salir el primer rayo de sol entre los edificios, mientras espera ese otro tedio al que el sistema denominó transporte público.

Aún así logró ser feliz, engañado por efímeros éxitos cargados de falsedad que nos ofrece la vida urbana para que soportemos lapsos de 3 o 4 años más agrandando toda esta bola de carne. Y ya me olvidó, como se olvida lo que ya no es necesario, como se deja atrás al maestro cuando el alumno está preparado, para abrirse paso en la locura de no ser lo que fue siempre, para creer que así sería mejor que antes, cuando realmente fuera superior. Todo funcionaba sobre aceitados rieles, hasta en las más pequeñas cosas, Felipe se había adaptado a su nueva vida, se había olvidado por completo de sus tardes reptando y durmiendo más de lo normal. Se supone que ahora era feliz, y así lo creía. Tenía una rutina ordenada, invariable y fácilmente alterable en sus partes intrascendentes para convencerse de que no era rutinario su pasar por esta nueva anti vida que eligió equivocadamente. Cada lunes o martes o lo que fuera, daba lo mismo, se levantaba para el mismo lado, habiendo ya remoloneado la misma cantidad exacta e indescifrable de minutos, y así, en ese estado proto-zombie se dirigía a cumplir su ya clásica ceremonia de hacer un intenso, empetrolado y colombiano café matinal que le hacía sacar para afuera todo resto de la noche cargada de sueños o pesadillas de realización de deseos imposibles, pero fácilmente realizables con un pequeño acto de infinita hombría: bastaba con patear el tablero de su rutina, con deshacerse de toda atadura sistemática, de volver a ser el centro de todo su sistema planetario, como lo fue antes, cuando era mas chico, pero mas grande. Continuaba con la taza sostenida con ambas manos, mirando a la maldita caja achatadora de imágenes e ideas de la cual ya ninguno de nosotros estamos excluidos ni a salvo. Cuando ya estaba enterado de por dónde no debía pasar para evitar las congestiones de tránsito, aunque en sus más profundas fantasías lo deseara, fantaseando con encontrarse con la mas perfecta mitad faltante de su alma, culminando su chatura rutinaria con un profundo beso, parados encima de dos autos chocados y humeantes, recién ahí salía a cambiar la historia del mundo… el suyo, pero mundo al fin.

Como corresponde a toda buena alienación que se precie, trabajaba en una oficina y su anterior pero actual vida la había olvidado por completo, ahora solo veía pasar una tras otra las horas, contando cada día, tachando cada semana, esperando la llegaba de: la nada, para volver a tachar y tachar. Antes, cuando no era uno de los nuestros, jamás se le cruzaba por la cabeza ninguna especie de rito de conteo del tiempo, no era una dimensión que lo preocupara en lo mas mínimo, y cada minuto o cada día o cada año era tan importante como ningún otro o como todos a la vez. Hasta incluso muchas veces, que parecían pocas desde mi punto de vista “civilizado”, cuando me sorprendía rebajado a su misma categoría de sabio de los hechos, sin ninguna charlatanería, me observaba a mi con una expresión de experimentado en su rutina del ocio, riéndose en silencio ante mi aburrimiento por no saber que hacer con mi tiempo, acostumbrado a venderlo constantemente a otros, postergando como siempre, como todos, la propia felicidad de hacer lo que me vengan ganas, en el momento en que me vengan las ganas, con la frecuencia que solo yo considere necesaria, olvidando esa superstición ancestral de los días hábiles y los días de descanso.

A menudo me pregunto porqué yo tarde tantos años de mi vida en descubrir todo esto, cuál pudo haber sido el motivo de semejante tamaño de ceguera sostenida en el tiempo, donde estaría la cabeza de Felipe al pedirme tan encarecidamente abandonar su condición para bajar al subsuelo de los rutinarios aburridos. Al principio pensé que finalmente, como lógico proceso de decantación, Felipe había enloquecido. Hasta un día llegue a dudar de su naturaleza de sabiduría: ¿Cómo un erudito del vivir va a querer dejar esa vida de superación casi budista pasándose a ésta otra de rutina, aburrimiento y pocas ideas? Lo fascinante de su pensamiento era precisamente que jamás lo expresaba explícitamente, las palabras no entraron jamás en la lógica de su especie, consideraba que los hechos eran condición suficiente para imponer ideología.

lunes, 10 de mayo de 2010

FELIPE. Capítulo I

Ocurrió en un momento que aun no está muy claro cuándo ubicarlo, y continuó por demasiado tiempo. Me dejó solo pero fue culpa mía. Éramos dos y quizás mi felicidad radicaba en su dependencia, pero él no lo advertía. Con la plomiza mirada de sentir que todo terminó, asistiendo a su propio fin, encontré a Felipe sosegado y fuera de sí. Sentí que necesitaba un cambió para su vida y trate de ayudarlo, aunque ahora me arrepienta tanto. Cuando las etapas avanzan y se van definiendo los roles, todo fin queda excluido de nuestra lógica, cada paso pareciera alejarnos, pero no era el caso mi compañero, él evitaba cada simplismo que lo ayude a avanzar mas rápido pero con menos poética, sus largos caminos y por momentos, repetitivos también, nunca le generaban el menor atisbo de aburrimiento: una sombra era una maravillosa expresión del claroscuro de la realidad, un corcho de vino representaba la mas increíble maquinaria de entretenimiento, y le resultaba sorprendente cada vez que lo redescubría.

Felipe acostumbraba evitarme cuando le venían ganas de hacerlo, pero me llamaba y pedía consejos que yo, simulando saberlo todo, le ofrecía como a un hijo que se peleó en la escuela. El pibe era el espíritu libre por excelencia, pero dependía de todos a su vez. Podía dedicarse con todo su ser, entregando la vida, a realizar la mas inútil de las tareas, y aun así se sentía realizado, completo y acabado al cabo de eternos… ¡15 minutos! Las excursiones por la mente que hacemos nosotros, los que nos creemos por encima de ellos, nos llevan miles de horas, cientos de minutos, dolores de cabeza y demás sandeces, para finalmente descubrir que todo es sencillo, simple y hasta efímero. Mientras que este extraño ser y los de su tipo viven la vida, se extenúan de placer con una pequeñez y nos pegan en la nuca cual mosquiteros de la mente que, con su elástico nuevo vienen a cerrarnos la puerta de la estupidez, nosotros los “inteligentes” que hacemos rodar al mundo, pero para atrás, creemos divertirnos con complicadas parafernalias de la ciencia y la tecnología. De todas formas creo que siempre envidiamos y creemos mejor la vida del otro cuando es tan distinta de la nuestra. Y era bien diferente…

martes, 4 de mayo de 2010

Literatura

Amigos, empiezo a subir de a poco, capítulos de mi novela (aun) inconclusa, para que se entretengan y para que yo me obligue a terminarla.
Se llama "Felipe", espero que les guste....

jueves, 28 de enero de 2010

Mentime que me gusta




Extraño la ética. Si, querido lector o amigo o visitante casual. Extraño otras épocas en las que al menos existía un mínimo de ética, o decoro, o códigos, o como quieran llamarlo. A diario tomo colectivos, trenes, subtes, y recibo variados diarios gratuitos. Según la noticia y el bando de los editores, los títulos pasan de catástrofes a pequeños encabezados sin el más mínimo esfuerzo. Cuando era chico, para estar informado “tenias que leer el diario”, pero ahora es necesario irse del país o buscar medios que vean la cosa desde afuera. Los medios locales, TODOS, representan a algún interés, ya sea de A o B o C, y no les tiembla el pulso en lo mas mínimo para mentir descaradamente que “no hay desempleo” o que “se viene otro corralito”.

Y en el medio estamos los últimos orejones del tarro, como decía el gran Tato. Estas vos, estoy yo, esta él. Los que simplemente trabajamos, los que alguna vez votamos a un radical, alguna vez votamos a un peronista, y todas las veces fuimos defraudados, los que queremos seguir en democracia sin “echar” a nadie, pero que la persona elegida cada 4 años piense en un país y no solo en su mandato. Brasil lo está logrando ¿Sera demasiado pedir? Por ahora parece que si. Los diarios solo sirven para hacer asado…

sábado, 2 de enero de 2010

Veintiocho de diciembre (o no)

Tengo 12 pares de anteojos,
para verte con distintos ojos,
y con todos veo diferente
pero ninguno de ellos miente.

Todo listo, partiré mañana,
por si acaso llevaré otra cara.
No preciso decirte a donde,
ya quemé ayer mi pasaporte.

Veo árboles, veo colores,
veo gente y muchos errores,
no me arregles que no estoy roto,
en tus flores no pongas mi foto.

Autor: Adrian J. Gonzalez Navarro.