Los días siguientes continuaron entre colores y pinceles, mientras una insistente lluvia, con su constante murmullo percusionista, arrullaban la mente de Felipe que estaba descubriendo una nueva pasión. Tenia un sentimiento recurrente que le golpeaba el pecho, jamás podría él animarse a semejante desnudo que significa hacer una exposición de sus trabajos tan crudos ante los ojos de unos pocos verdaderos amantes del arte y la pintura, y peor aun, de muchos mas curiosos, críticos, y demás fauna pasatista de este tipo de lugares. Felipe no dejaba de entristecerse al ver en que se había convertido el arte en el siglo XXI, cuando había leído sobre épocas pasadas y muy lejanas ya, en las que las distintas artes servían como medio de expresión de nuevos ideales, inquietudes y cosmovisiones del hombre sobre su propio ombligo, ¿Será que el paso del tiempo y la acumulación de décadas sin revoluciones artísticas han llenado de telarañas las cabezas globales del arte? ¿Por qué ya no es un dilema ético ni ideológico en que lugar se posiciona el hombre para mirarse a si mismo? ¿Estaremos tan cegados mirando nuestro ombligo, durante tanto tiempo, que no somos capaces de advertir que talvez vivamos en la pelusa añeja de nuestro centro de gravedad?
Felipe conoció un nuevo sentimiento que se instalo en su alma, la tristeza sostenida e insuperable que generan las cosas que no se pueden cambiar: melancolía se llamaba su estado. Sabía que por su nueva condición, por lo reciente de su trascendencia, jamás podría soñar por hacer algo para sacudir el polvo de su melancolía, y comenzaba a sospechar además, que tendría que haber muchas mas personas que convivan todos los días con cargas similares. Era extraño comenzar a entender la complejidad de su nueva vida, de poder ver la diferencia radical encerrada en el libre albedrío y la complejidad que representaba para él, poder contar con un vasto modo de comunicación, en constante proceso de reciclaje, aunque Felipe lo sintiera como guarida a estrenar. Es por eso que inmediatamente adopto la pintura como medio de lenguaje propio, talvez por facilidad, talvez por conservar la memoria en sus músculos de una pasada agilidad y motricidad directamente incompatibles con sus nuevos pares. Y mas conocía, y mas estudiaba, y mas investigaba, su interés crecía hasta llegar a sentirse cada vez más ignorante, y también cada vez mas alejado del común de la poca gente que había conocido desde… bueno, a partir del día en que dejamos de vernos.
Ya han pasado varios meses pero aun un costado de mi cerebro se niega a aceptarlo, mientras que la otra mitad simplemente no lo entiende. Más allá del extraño episodio que produjo todo esto, la pregunta que no deja de atormentarme es: ¿Por qué? Por qué Felipe finalmente llego a aceptar de buen grado la propuesta, por llamarla así; porqué su instinto no lo detuvo y prefirió una vida en principio demasiado distinta, y como mínimo autodestructiva, comparada con antes. Sé que esas respuestas talvez no las tendré nunca, y hasta estoy empezando a dejar atrás ese resentimiento que despertara en mi ideas tan oscuras. Ahora estoy empezando a pensar de una manera diferente, y mis planes presentes tienen que ver con iniciar una búsqueda que me permita reencontrarme con su alma, y poder decirle, no se, alguna tonta palabra que me tranquilice al menos y me reconcilie con todas estas suciedades internas. Por lo pronto no tengo ni la menor idea de cómo empezar, y menos aun, si Felipe se dará cuenta de quien soy. Aun así creo que valdrá la pena el intento.
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