lunes, 19 de julio de 2010

FELIPE. Capítulo VIII

La pregunta lo tomo por sorpresa, provenía de una voz masculina de tono amistoso pero irónico. Felipe se sobresalto por la sorpresa de no haber oído pasos previamente pero disimulo quedándose frente a la pintura.

- Disculpe mis modales, me llamo Rogelio Sánchez, soy el curador de ésta y todas las muestras que tenemos en la galería.

- Dijo orgulloso con la frente en alto.

- Es maravillosa, jamás vi tanta crudeza junto con tanta alegría naive, creo que cualquier precio es poco para ésta maravilla. – Un Felipe casi eufórico.

- ¿Usted se refiere a la autora o a su obra?

Felipe sintió que invadían su cerebro, que lo desnudaban por completo en la calle y frente a miles de desconocidos. Pensó cómo podría ser que éste tipo pedante e insensible era capaz de, primero ser el responsable de una muestra de tan buen gusto, y por otra parte haber descubierto algo de lo que ni él mismo era todavía conciente.

Felipe fingió no dar importancia al comentario del tipo y solo comentó por lo bajo que no conocía a la persona responsable de la pintura. Rogelio Sánchez acomodó sus anteojos, inquieto, y rápidamente adopto un tono informativo para referirse a Juana Tompson, comentando que era una de las mejores alumnas de la escuela de artes en cuanto a la gama de técnicas que había logrado desarrollar en apenas un año de clases, pero que muy por el contrario, era sumamente irresponsable y desordenada a la hora de presentar trabajos, rendir exámenes, cumplir horarios. Felipe sintió una extraña mezcla de celos, admiración y curiosidad por saber más de ella. Transcurridos unos eternos segundos, se dio media vuelta y le dijo al hombre:

- Se la compro, póngale precio.

- Jeje, tranquilo buen hombre. Lo invito a la subasta que realizaremos la semana próxima, cuando termine la muestra. – continuó informando Rogelio Sánchez.

Felipe le agradeció cordialmente el dato al curador y se fue apurado. Mientras caminaba pensaba varias cosas: debía comprar esa pintura, hacer una oferta lo suficientemente generosa y tentadora, y además, tenía que ponerse a investigar sobre pintura en general, ante una eventual charla con Juana. De pronto sintió que debía empezar a pintar él también.

lunes, 5 de julio de 2010

FELIPE. Capítulo VII

Los días siguientes fueron mecánicos, realizaba cada tarea como una maquina programada para no fallar, y cada situación que le dejaba unos segundos de espera, eran suficientes para que se pusiera a pensar en esa niña, en esa escena, en ese contraste, en esa mujer. Cuando pudo volver a la realidad, comenzó a notar esta falta de atención hacia cualquier cosa que hacia y sintió un irrefrenable deseo de volver a ver ese famoso cuadro. Algo en su interior lo detuvo, si volvía tendría que enfrentarse con ella otra vez, de nuevo mirarla, y nuevamente no saber que decirle. Luego recordó que aquel día, los artistas estaban presentes en la muestra porque la estaban inaugurando, seguramente si iba esa misma tarde, la galería seria un desierto.

Termino rápida y eficazmente su trabajo y se puso a repasarlo solo para matar el tiempo. Cuando el reloj dio las 5, salio disparado. Ese día el cielo ofrecía un sol esplendido y el frío comenzaba lentamente a cesar. Felipe pensó que cada persona que se cruzaba en su camino estaría feliz por esta eventualidad climática, y afirmo para si mismo: es muy fácil estar contento con un día así. Él sostenía que los verdaderos momentos de felicidad tenían que suceder necesariamente en un día lluvioso, sin ningún remedio más que encontrarse con los pensamientos y sentimientos propios; solo en esas tardes de supuesto tedio donde la naturaleza no nos deja ninguna excusa para “ser felices”, es cuando verdaderamente se puede experimentar una sensación de bienestar verdadera.

Felipe entró con decisión en la galería y fue directamente a ver la pintura de Juana Tompson. La sala era un desierto, solo había un puñado de personas observando el cuadro de Picasso, así él pudo detenerse en su nueva obra favorita y analizarla en detalle y sin prisas. Aunque el trabajo formaba parte de una supuesta colección de nuevos artistas relacionados con el cubismo, por su técnica, en realidad poco tenía que ver con el resto de las pinturas expuestas: era dueño de un estilo propio y particular. El clima general de la escena parecía reflejar un profundo sentimiento de angustia de la autora a la hora de pintarla. Claramente mostraba una cabeza dividida en dos, sintetizaba una lucha interna entre la tristeza, la soledad, la desesperanza, el miedo a crecer y la angustia, por un lado; y por otro mostraba el costado socializable, lo que cualquier niña buena y bien educada debería hacer o sentir para estar aceptada y bien vista por la sociedad, o por su circulo familiar. Todas estas sensaciones eran algo tan ajeno y novedoso para Felipe que lo llevaron a arrepentirse de su vida anterior.

Felipe estaba muy concentrado en su análisis, parecía estar ya recibido de critico de arte, seres nefastos si los hay. Hasta que una persona se acerco y le dijo:

- ¿Esta interesado en comprarla?