Una noche de esas noches en las que no existe el reloj, que no se tiene conciencia del paso del tiempo, en medio de discusiones de temas de lo más diversos, entre banales y profundos, con su nuevo amigo Pedro, Felipe sintió de pronto la suficiente confianza para poder contarle a su amigo casi naturalmente sobre aquella tarde y la grata sorpresa que se llevo al conocer a la autora del mejor cuadro de la muestra en la que había nada menos que trabajos originales de Pablo Picasso. Le contó que era misteriosa, era hermosa, era sensible, era tímida, remarcó lo nuevo de sus sensaciones y lo nervioso que había estado él al tenerla frente a frente. Pedro lo escuchaba atentamente, lo observaba y en su cara se empezó a dibujar una sonrisa. Interrumpió a Felipe con una sentencia tan sencilla, directa y obvia, como revolucionaria para la nueva mente de su amigo: Estás enamorado, le dijo.
Felipe se quedo callado, no sabía que decir, no sabía que sentir, no podía llegar a comprender totalmente a Pedro aunque, claro, tampoco era cuestión de andar divulgando que a pesar de aparentar ser un adulto, aunque joven, en realidad llevaba pocos meses en este lugar del mundo, por decirlo de alguna manera. Pedro comenzó a reír:
- No me vas a decir que no te habías dado cuenta, esas cosas del amor a primera vista yo creía que solo nos podían pasar en la infancia y la primera adolescencia. Es gracioso porque pareces ser tan maduro y aplomado, y a la vez sos como un chico de jardín de infantes.
Felipe sonrió cómplice, sabiendo su secreto en lo profundo de su ser, y recordando que se prometió jamás contárselo a nadie. También estaba empezando a entender estas nuevas sensaciones que eran propias de su nueva condición, no había notado cómo se puede desnudar el alma con un par de frases. Era la primera persona con la que se había animado a hablar de esta misteriosa pintora y enseguida descubrieron lo que él estaba empezando a sentir, aún casi antes de que él mismo fuera conciente de todo esto. Pensó unos instantes y reflexionó:
- Creo que lo peor de todo esto es que no se nada más de ella, ni donde vive, ni cuando vuelve a exponer, ni siquiera si es de Buenos Aires. Apenas sé su nombre, y encima no tuve ni el valor de volver el día de la subasta de sus trabajos, para poder volver a hablar con ella, para saber algo más, o al menos para verla.
Felipe pasó, en unos minutos, de una inmensa sensación de plenitud a un vacío de angustia total, la complejidad de la mente y las relaciones humanas le dieron una lección con el envión de una cachetada imprevista y con la escasa claridad de una fotografía maltratada por el tiempo. Empezó a entender que el azar con que se manejaba en su vida anterior, nada tenía que ver con el momento presente, y solo lograría aquello por lo que se esforzaba, insistía y analizaba para obtener. No todo es color de rosa y ser feliz, vivir estas nuevas sensaciones con intensidad, implicaba correr riesgos que, en algunos casos aun no estaba listo para enfrentar, o peor aun, desconocía las eventuales consecuencias.
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