Pasado un largo rato, Felipe no podía sacar su mirada de éste cuadro, y ya sus ojos se habían mimetizado con los de la niña de la pintura: él también los tenía enormes, vidriosos, tristemente negros. Mientras Felipe estaba ya metido completamente en la escena, detrás de él otra persona contemplaba ahora como el cuadro se había ampliado: la pintura pasó a ser una instalación con un hombre de espaldas mirando a través de un espejo a una niña de espaldas, conectados entre si e ignorando por completo la supuesta felicidad del mundo exterior, con los niños jugando.
- Que tal, mi nombre es Juana Tompson, soy la autora de la pintura. – Dijo ella en tono informativo.
Felipe volteó lentamente y al verla, su expresión de infinita tristeza se transformó en un rostro de fascinación. Se miraron por unos segundos y Felipe, ante la sensación de haber quedado expuesto en sus sentimientos, volteó rápidamente hacia el cuadro.
- ¿Usted cree que alguien la entienda y pueda comprarla? Me parece que acá todos vinieron sólo a ver a Picasso. – Preguntó Felipe con ironía.
- Sinceramente no me importa eso. – Solo contestó ella.
Felipe creyó haber salido de la situación incomoda, a salvo del supuesto peligro de haber mostrado sus sentimientos jamás vividos antes por el. Rápidamente se alejó del cuadro y su autora, fingiendo interés en otras obras cercanas, y unos momentos después, volteó para mirarla a ella otra vez. Juana Tompson miraba hacia el piso y por su expresión parecía no estar en el mismo tiempo y espacio que el resto de la gente. Se la veía con una mirada triste y nostálgica, aunque con una leve sonrisa de felicidad.
Mientras la gente seguía agolpándose para ver de cerca al Picasso, de la misma manera que se agolpaban otros afuera para escapar de la maravillosa lluvia, Felipe que aun estaba alterado por la situación, se fue rápidamente de la galería con pasos largos y decididos mientras la lluvia iba mojando completamente su pelo y su saco. Nunca había estado así de incomodo, nunca se había entristecido tanto por ver un cuadro, y desde ya, nunca había visto a una mujer tan misteriosa y oscura, tan transparente y perfecta. Solo necesitaba caminar bajo la lluvia…
