miércoles, 27 de mayo de 2009

Carta a Antonio Gaudí



Que podría decirte, Antonio. Me emocionas con tus palabras, aunque mas no sean puras piedras apiladas unas con otras. Pero con tanto arte a donde iremos a parar, si hay quien dice que se te fue la mano. Claro que se te fue, porque los que quedamos acá abajo y tenemos el atrevimiento de llamarnos colegas tuyos, ya no tenemos tiempo ni ganas ni cabeza para semejante infraestructura de lo fantástico. ¿Para que voy a pensar en la estructura si hay ingenieros? ¿Para que voy a pensar el detalle si el que sabe solo ve la totalidad? Bueno, desde ya te digo que no. El que NO sabe es el que va a vivir y amar y sentir y pasar por este mundo, ahí adentro. Y si empezamos a pensar que los enemigos están en otro lado y no del otro lado (del escritorio); en una de esas nos da por volver a las fuentes, volver a los grandes maestros del movimiento modernista (si, leyeron bien, sabiondos del lápiz ancho pero no gordo) y pensar en que le estoy haciendo la casa a la tía Pocha.
Todo empezó allá lejos y hace tiempo con el mítico Boca – River de las cubiertas: Techo de tejas vs. Techo plano. Pero antes de que rodara esta insólita pelota, vos ya habías enviado las esperanzas a la tribuna con tus paraboloides hiperbólicos, hiper globalizados hoy en día y utilizados de manera turística, historicista y porque no nacionalista, para la gente de tus pagos. Pero no hay nada más pasajero y más indiscutible que las modas, y las que se vienen imponiendo hoy en día tienen que ver con otros tipos de tu época que la pensaron bien, viste. Que te tildaron de obsoleto y excesivo, pero se fueron para el otro lado. Que el ornamento es delito y que me saques todas esas malformaciones de estuco. Si, todo muy lindo (¿) pero de tanto sintetizar se fueron a la maqueta uno en uno, pensada para playmobil que no camina, no se acalambra, no va al baño y no tiene ganas de cambiar un mueble de lugar.
Yo no digo que este todo mal de un lado y bien del otro, pero recordemos que vinimos al mundo para ofrecer un servicio, casi como enfermeritas del hábitat, con cofia y todo, y nuestros pacientes/ clientes quieren recuperar la salud de sus guaridas, para vivir mejor, no para salir en la ultima revista de decoración escandinava… (Bueno, algunos si). Asi que dejémonos de joder con las modas y volvamos al detalle de pensar nuevamente en los tectos y no en los arquis.
Perdóname Antonio, es que me pongo loco, vos no tenés la culpa y ya estas en la gloria. Y yo acá abajo trayéndote problemas menores. Te cuento que tu templete ya esta quedando terminadito, pero los tectos de ahora no saben que hacer con eso de “pensar en el detalle”, viste vos… No te robo más tiempo, nos vemos en la próxima revolución de conceptos.
Se despide desde lejos tu admirador y tectum… No arquitecto porque el mas alto de todos seguís siendo vos…


Autor: arq. Adrián Javier González Navarro

domingo, 17 de mayo de 2009

Domingo por la tarde




Solo por placer, por las ganas de vomitar palabras me encuentro aquí frente al lienzo, el papel, la hoja de Word en blanco, desafiándome, obligándome a dar lo mejor de mí. ¿Y qué si no quiero? Quizás dar lo mejor es demasiado, me la paso repartiendo margaritas y son todos puros chanchos podridos de gripe porcina… algunos, no todos. Resulta que cuando por esas casualidades locas de la vida del Señor (cualquiera es un señor) te cruzas con algo un poco mayor, mas civilizado, menos contaminado de cotidianeidad y con un poco mas de libros y un poco menos de series norteamericanas por cable; uno que viene tan acostumbrado a nadar en mediocridad, no se da cuenta de la balsa de luz que viene flotando y hasta la trata igual que al resto del mar que lo rodea.
Disculparme, entenderme, sacarme a pasear y comprarme nieve de azúcar. Un mimo nomás necesito, pero no de cariño, eso gracias a Dios me viene sobrando, yo decía una caricia en la cabeza pero del lado de adentro porque la mente se alimenta por los ojos pero siempre tiene prendido el filtro de rayos UV (usted vió?). Necesito gritar que los tipos de mi calaña siempre aparecen pero ya se extinguieron hace bocha de tiempo, porque a pesar de ser un viejito hablo como teen-ángel.
Citando una gran figura del balompié que usaba las manos, lo cual ya habla bien de él: Honestidad es mi nombre y Dignidad es mi apellido. Pero estoy muy equivocado si creo que ser así me va a servir de algo. El mundo me rodea a diario de deshonestos indignos, abrigaditos de bienes materiales pero con las bibliotecas vacías de contenidos que no sean fascículos de Felipe Pigna hablando de historietas pagas para inflar el gen nacional que no entiende que tal cosa no existe desde el vamos. Perdón, no digo nada y me ahogo en un mar de sopa de letras, como dijo un gran amigo. Si te gusta esto a vos que lo leíste hasta acá, explicamelo porque yo no lo entiendo. Me voy a olvidar mis ideales y a construir tejas francesas hasta el infinito, con fuerte pendiente para el lado de los tomates… hasta que llegue enero y todo vuelva a empezar.
Me despido con una reflexión, para vos que andas complicado de tiempos:
¡Que garrón, tengo que estudiar! Quisiera estar recibido…
¡Que garrón, estoy recibido! Quisiera tener que estudiar…

Autor: Arq. Adrián J. González Navarro

miércoles, 13 de mayo de 2009