
Aun entumecido en hombros e ideas, de fantásticas andanzas por los mas inhóspitos caminos de gótica edad media, rancias leyes de código civil e interminables barras de acero que me atraparon por la eternidad de la carrera mas larga, acá me encuentro con mi otro yo, de apenas unos centímetros menos que mi actual yo, 14 años menos, sin barba y con las mismas ganas locas que me motorizan hoy; llevándome de la mano por el túnel de todos los tiempos, que converge a un foso común y al que la línea H llegara en apenas unos añitos, según promesa del pelado.
La eternidad en apenas unos años, la inmortalidad de la vida ovoide y abruptamente finalizada por compresión contra mi cabezota. La misma cabeza que otrora se creyera bastante completita, con lechuga y tomate, pero que cada día de la nueva vida, no hacia mas que afianzar mas la idea de vacío a completar. Y se completo? Jamás ocurrirá eso, ni en los más grandes candiles de la humanidad del ladrillo y el cemento loco (o era el diamante loco?). Los grandes viejos chotos que iluminaran por siempre a los pibes que cadeamos eternamente. Mies Van Meegroot, el cuervo que no es azulgrana, los enormes pintores que se cansaron de copiar gordas curvas de chicas bien y tiraron cuadrados simples, rectos y dueños de la mayor sensualidad del siglo veinte.
También hubo maestros sin estampita, tipos que sensibilizaron a este maestro mayor de techos de tejas, porque otra cosa no conocía. Grandes anónimos que me dieron los mas certeros golpes desasnadores en la nuca, hasta que el chico entendió, vio señora? La gran casa de hormigón y parasoles caídos también me encontró con hermanos que la biología no quiso juntar antes, amigos y cosufridores del disfrute del hábitat humano. Juntos soñamos mañana tras mañana, tras entrega, tras final el día del final que finalmente me llego.
Desde el prisma de HºAº, mientas miraba el gran elipse de HºAº que los romanos soñaron y lograron, conocí desgracias, alegrías, odios y un gran amor, que la vida con sus antojos faraónicos recién me permitieron materializar en el último de los años de la eternidad de las noches sin dormir, cuando el guerrero cansado ya ni pide la pelota. Barrilete cósmico, de que planeta viniste para bajarme de pecho semejante asistencia perfecta a todas las teóricas que no escuche en nombre del buitrismo de alta calidad.
Sepan disculpar, prometí que no lloraría, pero me gusta romper promesas y huevos. Mientras miro las nuevas olas, yo recién soy parte del mar. Gracias ancestros de remotas aldeas españolas, porque con vuestras fuertes raíces, tronco y ramas, aquí esta la primera hoja tierna y verde de todo el fucking árbol genealógico que logro salir de una universidad, con toga y birrete.
A vos que estas leyendo esto: no me bajes los brazos, pendejo, que somos pocos y nos necesitamos mucho. Gracias.
Por fin,
Arquitecto Adrián Javier González Navarro.
La eternidad en apenas unos años, la inmortalidad de la vida ovoide y abruptamente finalizada por compresión contra mi cabezota. La misma cabeza que otrora se creyera bastante completita, con lechuga y tomate, pero que cada día de la nueva vida, no hacia mas que afianzar mas la idea de vacío a completar. Y se completo? Jamás ocurrirá eso, ni en los más grandes candiles de la humanidad del ladrillo y el cemento loco (o era el diamante loco?). Los grandes viejos chotos que iluminaran por siempre a los pibes que cadeamos eternamente. Mies Van Meegroot, el cuervo que no es azulgrana, los enormes pintores que se cansaron de copiar gordas curvas de chicas bien y tiraron cuadrados simples, rectos y dueños de la mayor sensualidad del siglo veinte.
También hubo maestros sin estampita, tipos que sensibilizaron a este maestro mayor de techos de tejas, porque otra cosa no conocía. Grandes anónimos que me dieron los mas certeros golpes desasnadores en la nuca, hasta que el chico entendió, vio señora? La gran casa de hormigón y parasoles caídos también me encontró con hermanos que la biología no quiso juntar antes, amigos y cosufridores del disfrute del hábitat humano. Juntos soñamos mañana tras mañana, tras entrega, tras final el día del final que finalmente me llego.
Desde el prisma de HºAº, mientas miraba el gran elipse de HºAº que los romanos soñaron y lograron, conocí desgracias, alegrías, odios y un gran amor, que la vida con sus antojos faraónicos recién me permitieron materializar en el último de los años de la eternidad de las noches sin dormir, cuando el guerrero cansado ya ni pide la pelota. Barrilete cósmico, de que planeta viniste para bajarme de pecho semejante asistencia perfecta a todas las teóricas que no escuche en nombre del buitrismo de alta calidad.
Sepan disculpar, prometí que no lloraría, pero me gusta romper promesas y huevos. Mientras miro las nuevas olas, yo recién soy parte del mar. Gracias ancestros de remotas aldeas españolas, porque con vuestras fuertes raíces, tronco y ramas, aquí esta la primera hoja tierna y verde de todo el fucking árbol genealógico que logro salir de una universidad, con toga y birrete.
A vos que estas leyendo esto: no me bajes los brazos, pendejo, que somos pocos y nos necesitamos mucho. Gracias.
Por fin,
Arquitecto Adrián Javier González Navarro.
2 comentarios:
Sabrás que no se escribir tan bonito como usted lo hace,pero pasé por acá,gracias a tu gentil invitación,y quise dejarle mis felicitaciones y agradecimiento por todo.
Arquitecto...que honor para mi conocer un poquito más de tu vida!Gracias
No me gustan las despedidas, por eso sepa que... me fui!
Me encantó el texto...recien hoy lo leo...
Gracias x darnos fuerza, gracias x describir tantas cosas q muchos entendemos muy bien...y gracias x recordarnos que podemos sobrevivirlas!je!
Entrelineas,muchas canciones interesantes,eh!
Saludos,arquitecto!!!
Luciana
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