Los días siguientes fueron mecánicos, realizaba cada tarea como una maquina programada para no fallar, y cada situación que le dejaba unos segundos de espera, eran suficientes para que se pusiera a pensar en esa niña, en esa escena, en ese contraste, en esa mujer. Cuando pudo volver a la realidad, comenzó a notar esta falta de atención hacia cualquier cosa que hacia y sintió un irrefrenable deseo de volver a ver ese famoso cuadro. Algo en su interior lo detuvo, si volvía tendría que enfrentarse con ella otra vez, de nuevo mirarla, y nuevamente no saber que decirle. Luego recordó que aquel día, los artistas estaban presentes en la muestra porque la estaban inaugurando, seguramente si iba esa misma tarde, la galería seria un desierto.
Termino rápida y eficazmente su trabajo y se puso a repasarlo solo para matar el tiempo. Cuando el reloj dio las 5, salio disparado. Ese día el cielo ofrecía un sol esplendido y el frío comenzaba lentamente a cesar. Felipe pensó que cada persona que se cruzaba en su camino estaría feliz por esta eventualidad climática, y afirmo para si mismo: es muy fácil estar contento con un día así. Él sostenía que los verdaderos momentos de felicidad tenían que suceder necesariamente en un día lluvioso, sin ningún remedio más que encontrarse con los pensamientos y sentimientos propios; solo en esas tardes de supuesto tedio donde la naturaleza no nos deja ninguna excusa para “ser felices”, es cuando verdaderamente se puede experimentar una sensación de bienestar verdadera.
Felipe entró con decisión en la galería y fue directamente a ver la pintura de Juana Tompson. La sala era un desierto, solo había un puñado de personas observando el cuadro de Picasso, así él pudo detenerse en su nueva obra favorita y analizarla en detalle y sin prisas. Aunque el trabajo formaba parte de una supuesta colección de nuevos artistas relacionados con el cubismo, por su técnica, en realidad poco tenía que ver con el resto de las pinturas expuestas: era dueño de un estilo propio y particular. El clima general de la escena parecía reflejar un profundo sentimiento de angustia de la autora a la hora de pintarla. Claramente mostraba una cabeza dividida en dos, sintetizaba una lucha interna entre la tristeza, la soledad, la desesperanza, el miedo a crecer y la angustia, por un lado; y por otro mostraba el costado socializable, lo que cualquier niña buena y bien educada debería hacer o sentir para estar aceptada y bien vista por la sociedad, o por su circulo familiar. Todas estas sensaciones eran algo tan ajeno y novedoso para Felipe que lo llevaron a arrepentirse de su vida anterior.
Felipe estaba muy concentrado en su análisis, parecía estar ya recibido de critico de arte, seres nefastos si los hay. Hasta que una persona se acerco y le dijo:
- ¿Esta interesado en comprarla?
1 comentario:
Bonito homenaje a Sábato. che.
saludos.
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