domingo, 17 de mayo de 2009

Domingo por la tarde




Solo por placer, por las ganas de vomitar palabras me encuentro aquí frente al lienzo, el papel, la hoja de Word en blanco, desafiándome, obligándome a dar lo mejor de mí. ¿Y qué si no quiero? Quizás dar lo mejor es demasiado, me la paso repartiendo margaritas y son todos puros chanchos podridos de gripe porcina… algunos, no todos. Resulta que cuando por esas casualidades locas de la vida del Señor (cualquiera es un señor) te cruzas con algo un poco mayor, mas civilizado, menos contaminado de cotidianeidad y con un poco mas de libros y un poco menos de series norteamericanas por cable; uno que viene tan acostumbrado a nadar en mediocridad, no se da cuenta de la balsa de luz que viene flotando y hasta la trata igual que al resto del mar que lo rodea.
Disculparme, entenderme, sacarme a pasear y comprarme nieve de azúcar. Un mimo nomás necesito, pero no de cariño, eso gracias a Dios me viene sobrando, yo decía una caricia en la cabeza pero del lado de adentro porque la mente se alimenta por los ojos pero siempre tiene prendido el filtro de rayos UV (usted vió?). Necesito gritar que los tipos de mi calaña siempre aparecen pero ya se extinguieron hace bocha de tiempo, porque a pesar de ser un viejito hablo como teen-ángel.
Citando una gran figura del balompié que usaba las manos, lo cual ya habla bien de él: Honestidad es mi nombre y Dignidad es mi apellido. Pero estoy muy equivocado si creo que ser así me va a servir de algo. El mundo me rodea a diario de deshonestos indignos, abrigaditos de bienes materiales pero con las bibliotecas vacías de contenidos que no sean fascículos de Felipe Pigna hablando de historietas pagas para inflar el gen nacional que no entiende que tal cosa no existe desde el vamos. Perdón, no digo nada y me ahogo en un mar de sopa de letras, como dijo un gran amigo. Si te gusta esto a vos que lo leíste hasta acá, explicamelo porque yo no lo entiendo. Me voy a olvidar mis ideales y a construir tejas francesas hasta el infinito, con fuerte pendiente para el lado de los tomates… hasta que llegue enero y todo vuelva a empezar.
Me despido con una reflexión, para vos que andas complicado de tiempos:
¡Que garrón, tengo que estudiar! Quisiera estar recibido…
¡Que garrón, estoy recibido! Quisiera tener que estudiar…

Autor: Arq. Adrián J. González Navarro

1 comentario:

Anónimo dijo...

Quisiera creer que hay más como vos en este país para que la mediocridad que describís cambie de una ves por todas. Pero va a llevar muuuucho tiempo. Pigna no creo que esté para escribir un libro sobre eso...

abrazo