jueves 24 de noviembre de 2011

Sin voz, sin vos



La musica creada por este tipo llego a mis oidos hace mucho tiempo ya, y significó un hachazo que me mostró un mundo de colores, texturas, imágenes y sobre todo, sonidos. La perfeccion armonica, la creatividad, el eclecticismo, el talento y el absurdo caudal vocal y carismático lograron fanatizarme a mis tiernos 10 años y entregarme por completo a la exploración de instrumentos y la imitacion de voces y canciones.
La musica como refugio y herramienta, como arma y escudo. Todo esto se revelo ante mi por culpa de este fenómeno, este puto genial, este semental de escenarios, el mas fino y mas guarango, el mas operistico y rockero, el Maradona de la garganta, la mas grande voz sobre la faz de la tierra rockera, para quien tengo solo una palabra: gracias.

Porque por tu culpa soy musico, por tu culpa gaste miles de pesos en discos, por tu culpa camine mil cuadras en Londres hasta encontrar tu ultima morada, por tu culpa discutí mil veces defendiendo la musica pulida, arreglada y elegante, por tu culpa me regalaron un pianito a los 10 años y atormente a todos los vecinos, por tu culpa lloré por primera vez en un recital escuchando tus canciones, por tu culpa conoci a mi gran amor y charlamos miles de horas sobre Queen...

Otro genio sostenía que 20 años no son nada.... Y tenia razón, porque los artistas de verdad son inmortales...

Autor: Adrian Gonzalez Navarro

miércoles 1 de junio de 2011

20 años

Hoy es 1º de junio y es una fecha de la que nunca me voy a olvidar. Si bien mi cumpleaños fue antes de ayer, el 30 de mayo, el día de hoy me recuerda a una de las jornadas mas memorables de mi vida, un antes y después, un momento histórico.
Corría el año 1991 y tras mi reciente cumpleaños nº10, en el que me sentía "todo un hombrecito", mi viejo tuvo la genial idea de decirme "vamos que te voy a comprar un regalo". No se si él lo tenía en mente o fue la mas maravillosa casualidad, pero lo cierto es que ese sábado por la mañana salimos de casa en la coupé Ford Taunus impecable, como siempre. Terminamos en la habitual visita al barrio de Barracas para hacer compras y pasar por su taller mecánico (por ese entonces vivíamos en San Cristobal)y fuimos a parar a un local ya desaparecido hoy, que vendia electrodomésticos, una especie de Garbarino barrial, que estaba ubicado en Vieytes y California. Yo entre sin mucha ilusión, conciente de que lo único que quería era algo de las Tortugas Ninja o de Playmobil, y en ese local no parecía haber ningún juguete.
En una vitrina vimos una seria de teclados Casio y ahí mi animo cambió: era algo distinto a lo que yo hubiera elegido y me dio curiosidad. Mi viejo me dijo ¿Querés uno?, y yo sin saber mucho que uso le podía dar dije que si, rapidamente.
Aquel nublado sábado 1º de junio de 1991, descubrí con sorpresa que podía sacar melodías con solo probar las teclas, me venian a la mente tangos clásicos y alguna canción romántica que sonaba en mi casa, de la talla de Jose Luis Perales o Julio Iglesias, e inmediatamente tras unas breves pruebas, sacaba la tonada casi a la perfección. Después nos pasábamos horas con mi viejo sacando mas y mas tangos, y ahí descubrí que ese extraño don auditivo me venía directamente de él....
Así empezó mi amor por la música y ya nunca mas me pude curar. Gracias viejo! Me cambiaste la vida!

autor: Adrián J. González Navarro.

jueves 4 de noviembre de 2010

FELIPE. Capítulo XII

Una noche de esas noches en las que no existe el reloj, que no se tiene conciencia del paso del tiempo, en medio de discusiones de temas de lo más diversos, entre banales y profundos, con su nuevo amigo Pedro, Felipe sintió de pronto la suficiente confianza para poder contarle a su amigo casi naturalmente sobre aquella tarde y la grata sorpresa que se llevo al conocer a la autora del mejor cuadro de la muestra en la que había nada menos que trabajos originales de Pablo Picasso. Le contó que era misteriosa, era hermosa, era sensible, era tímida, remarcó lo nuevo de sus sensaciones y lo nervioso que había estado él al tenerla frente a frente. Pedro lo escuchaba atentamente, lo observaba y en su cara se empezó a dibujar una sonrisa. Interrumpió a Felipe con una sentencia tan sencilla, directa y obvia, como revolucionaria para la nueva mente de su amigo: Estás enamorado, le dijo.

Felipe se quedo callado, no sabía que decir, no sabía que sentir, no podía llegar a comprender totalmente a Pedro aunque, claro, tampoco era cuestión de andar divulgando que a pesar de aparentar ser un adulto, aunque joven, en realidad llevaba pocos meses en este lugar del mundo, por decirlo de alguna manera. Pedro comenzó a reír:

- No me vas a decir que no te habías dado cuenta, esas cosas del amor a primera vista yo creía que solo nos podían pasar en la infancia y la primera adolescencia. Es gracioso porque pareces ser tan maduro y aplomado, y a la vez sos como un chico de jardín de infantes.

Felipe sonrió cómplice, sabiendo su secreto en lo profundo de su ser, y recordando que se prometió jamás contárselo a nadie. También estaba empezando a entender estas nuevas sensaciones que eran propias de su nueva condición, no había notado cómo se puede desnudar el alma con un par de frases. Era la primera persona con la que se había animado a hablar de esta misteriosa pintora y enseguida descubrieron lo que él estaba empezando a sentir, aún casi antes de que él mismo fuera conciente de todo esto. Pensó unos instantes y reflexionó:

- Creo que lo peor de todo esto es que no se nada más de ella, ni donde vive, ni cuando vuelve a exponer, ni siquiera si es de Buenos Aires. Apenas sé su nombre, y encima no tuve ni el valor de volver el día de la subasta de sus trabajos, para poder volver a hablar con ella, para saber algo más, o al menos para verla.

Felipe pasó, en unos minutos, de una inmensa sensación de plenitud a un vacío de angustia total, la complejidad de la mente y las relaciones humanas le dieron una lección con el envión de una cachetada imprevista y con la escasa claridad de una fotografía maltratada por el tiempo. Empezó a entender que el azar con que se manejaba en su vida anterior, nada tenía que ver con el momento presente, y solo lograría aquello por lo que se esforzaba, insistía y analizaba para obtener. No todo es color de rosa y ser feliz, vivir estas nuevas sensaciones con intensidad, implicaba correr riesgos que, en algunos casos aun no estaba listo para enfrentar, o peor aun, desconocía las eventuales consecuencias.

lunes 20 de septiembre de 2010

FELIPE. Capítulo XI

Los días siguientes continuaron entre colores y pinceles, mientras una insistente lluvia, con su constante murmullo percusionista, arrullaban la mente de Felipe que estaba descubriendo una nueva pasión. Tenia un sentimiento recurrente que le golpeaba el pecho, jamás podría él animarse a semejante desnudo que significa hacer una exposición de sus trabajos tan crudos ante los ojos de unos pocos verdaderos amantes del arte y la pintura, y peor aun, de muchos mas curiosos, críticos, y demás fauna pasatista de este tipo de lugares. Felipe no dejaba de entristecerse al ver en que se había convertido el arte en el siglo XXI, cuando había leído sobre épocas pasadas y muy lejanas ya, en las que las distintas artes servían como medio de expresión de nuevos ideales, inquietudes y cosmovisiones del hombre sobre su propio ombligo, ¿Será que el paso del tiempo y la acumulación de décadas sin revoluciones artísticas han llenado de telarañas las cabezas globales del arte? ¿Por qué ya no es un dilema ético ni ideológico en que lugar se posiciona el hombre para mirarse a si mismo? ¿Estaremos tan cegados mirando nuestro ombligo, durante tanto tiempo, que no somos capaces de advertir que talvez vivamos en la pelusa añeja de nuestro centro de gravedad?

Felipe conoció un nuevo sentimiento que se instalo en su alma, la tristeza sostenida e insuperable que generan las cosas que no se pueden cambiar: melancolía se llamaba su estado. Sabía que por su nueva condición, por lo reciente de su trascendencia, jamás podría soñar por hacer algo para sacudir el polvo de su melancolía, y comenzaba a sospechar además, que tendría que haber muchas mas personas que convivan todos los días con cargas similares. Era extraño comenzar a entender la complejidad de su nueva vida, de poder ver la diferencia radical encerrada en el libre albedrío y la complejidad que representaba para él, poder contar con un vasto modo de comunicación, en constante proceso de reciclaje, aunque Felipe lo sintiera como guarida a estrenar. Es por eso que inmediatamente adopto la pintura como medio de lenguaje propio, talvez por facilidad, talvez por conservar la memoria en sus músculos de una pasada agilidad y motricidad directamente incompatibles con sus nuevos pares. Y mas conocía, y mas estudiaba, y mas investigaba, su interés crecía hasta llegar a sentirse cada vez más ignorante, y también cada vez mas alejado del común de la poca gente que había conocido desde… bueno, a partir del día en que dejamos de vernos.

Ya han pasado varios meses pero aun un costado de mi cerebro se niega a aceptarlo, mientras que la otra mitad simplemente no lo entiende. Más allá del extraño episodio que produjo todo esto, la pregunta que no deja de atormentarme es: ¿Por qué? Por qué Felipe finalmente llego a aceptar de buen grado la propuesta, por llamarla así; porqué su instinto no lo detuvo y prefirió una vida en principio demasiado distinta, y como mínimo autodestructiva, comparada con antes. Sé que esas respuestas talvez no las tendré nunca, y hasta estoy empezando a dejar atrás ese resentimiento que despertara en mi ideas tan oscuras. Ahora estoy empezando a pensar de una manera diferente, y mis planes presentes tienen que ver con iniciar una búsqueda que me permita reencontrarme con su alma, y poder decirle, no se, alguna tonta palabra que me tranquilice al menos y me reconcilie con todas estas suciedades internas. Por lo pronto no tengo ni la menor idea de cómo empezar, y menos aun, si Felipe se dará cuenta de quien soy. Aun así creo que valdrá la pena el intento.

lunes 30 de agosto de 2010

FELIPE. Capítulo X

Cada vez que Felipe se sentía angustiado y desbordado por su existencia, se refugiaba en el saber. Siempre sabía que podía encontrar en un libro de ciencias, una novela, una enciclopedia de historia, bálsamos capaces de remediar cualquier depresión existencial.

Salio a caminar mientras llenaba su vacío físico con chocolate negro, una potente medicina anti-depresiva. No le importaba caminar decenas de cuadras cuando se dirigía a la Biblioteca Nacional a dejarse llevar por la paz del hormigón armado y el olor a papel viejo. El cielo estaba de su lado ese día: era una masa única de aluminio fundido, sin diferencias de color, sin distinguirse ninguna nube, sin saber si el sol estaba encendido o lo habían reemplazado por una incalculable lámpara fosforescente.

Se dirigió ansioso al mostrador y pidió libros de pintura moderna, todo lo que este editado en color y repase la historia de las vanguardias del siglo XX. Investigo durante horas, hasta llenarse nuevamente, y se despertó en él un deseo de probar por si mismo qué le salía si intentaba pintar algo, cómo se sentía después, y si podría llegar a experimentar sensaciones similares a las que seguramente habría sentido Juana Tompson. De repente salio disparado para su casa, sentía ganas de expresar cosas que las palabras no le permitirían decir fácilmente.

Al cabo de toda una noche pintando cualquier idea que se le venia a la mente, de pronto lo sorprendió el amanecer y recordó la triste escena de la niña mirando su espejo. Sintió una profunda angustia, mezclada con una esperanzadora alegría. Con una nueva sensación de paz y alivio se durmió en el piso, como si nada hubiera cambiado en su vida. Un instinto ancestral se apodero de él al haber pasado horas expresándose en forma tan primaria y cruda que pocas personas creerían que se trataba de un hombre adulto. Comenzaba a entender que no toda la gente era igual, que algunos podían escapar de su coraza hostil a la defensiva y dejarse llevar por sentimientos valiosos e intangibles.

Al día siguiente se levanto y fue a trabajar lleno de esperanza. Una nueva sensación de vitalidad se apodero de el y lo hizo volver a apreciar la rutina de la que no se sintió preso, sino parte importante. Mientras hacia su trabajo no dejaba de pensar en cuanto podría valer el cuadro de la niña triste, cuanto ofrecerían todos esos snobs que solo pasaban a ver el Picasso, quien seria el extraño ser que le haría una contraoferta para que él no se lo lleve. De pronto pensó en otro plan más arriesgado: trataría de hablar con la autora para decirle que lo retire de la subasta porque él se lo compraría personalmente. Ella talvez pensaría que Felipe era un desquiciado excéntrico, talvez un asesino obsesionado con su obra, o que simplemente se trataba de un alma similar que tenia sensibilidades parecidas: ninguna de las tres, no tiene sentido, es una locura; pensó.

lunes 9 de agosto de 2010

FELIPE. Capítulo IX

Y mientras tanto, acá estoy yo. Ya nunca seré el mismo que era cuando Felipe no era. El ser mas increíblemente libre que conociera en mi vida se estaba encerrando el solo en vericuetos ajenos a su naturaleza. Cada recuerdo anterior venia a mi mente con la única razón de atormentarme, de hacerme sentir una nostalgia casi rencorosa, de pensar en varias maneras de recomponer todo esto: ideando planes para deshacer el extraño conjuro, por así llamarlo, para tenerlo otra vez acá, en perpetuo silencio, en eterno diálogo. Las más locas fantasías me desvelan una y otra noche. Hoy voy a cortar por lo sano, voy a tomar hasta perder la memoria, si es que esto no la aviva más.

¡Basta Felipe! ¡Salí de una vez de mi cabeza! … pero no quiero olvidarte, quiero inmortalizarte, quiero ir para atrás, para vos que vallas para adelante. Me levanto sobresaltado, pateo la botella vacía y solo consigo romper un cuadro con una foto nuestra, de épocas… ¿Pasadas o futuras? ¿Felices o desgraciadas? Ya ni yo puedo saberlo.

Y finalmente, siendo las 3 AM, un relámpago me hizo ver la luz. Esa misma que tanto te atraía antes. Si concreto mi plan, talvez todo quede anulado. Aunque bien podría ponerle un trágico fin y perderlo todo, perderte por completo. Es un riesgo alto, pero talvez la única salida. Quisiera tener otra oportunidad de hacerte entender que todo esto que nos alejó, es peor para los dos. Ni podrías imaginar lo infinitamente felices que seguiríamos siendo.

Me acabo de dar cuenta que estoy gritando solo. Pienso que es probable que realmente estés mejor con tu cambio de vida, y que te engañes con estar conociendo la felicidad. ¡Conmigo eras feliz! ¡Y yo también lo era! Pero ya no me escuchas. En realidad creo que nunca lo hiciste. Basta. 4:23 AM. Tengo que dormir.

lunes 19 de julio de 2010

FELIPE. Capítulo VIII

La pregunta lo tomo por sorpresa, provenía de una voz masculina de tono amistoso pero irónico. Felipe se sobresalto por la sorpresa de no haber oído pasos previamente pero disimulo quedándose frente a la pintura.

- Disculpe mis modales, me llamo Rogelio Sánchez, soy el curador de ésta y todas las muestras que tenemos en la galería.

- Dijo orgulloso con la frente en alto.

- Es maravillosa, jamás vi tanta crudeza junto con tanta alegría naive, creo que cualquier precio es poco para ésta maravilla. – Un Felipe casi eufórico.

- ¿Usted se refiere a la autora o a su obra?

Felipe sintió que invadían su cerebro, que lo desnudaban por completo en la calle y frente a miles de desconocidos. Pensó cómo podría ser que éste tipo pedante e insensible era capaz de, primero ser el responsable de una muestra de tan buen gusto, y por otra parte haber descubierto algo de lo que ni él mismo era todavía conciente.

Felipe fingió no dar importancia al comentario del tipo y solo comentó por lo bajo que no conocía a la persona responsable de la pintura. Rogelio Sánchez acomodó sus anteojos, inquieto, y rápidamente adopto un tono informativo para referirse a Juana Tompson, comentando que era una de las mejores alumnas de la escuela de artes en cuanto a la gama de técnicas que había logrado desarrollar en apenas un año de clases, pero que muy por el contrario, era sumamente irresponsable y desordenada a la hora de presentar trabajos, rendir exámenes, cumplir horarios. Felipe sintió una extraña mezcla de celos, admiración y curiosidad por saber más de ella. Transcurridos unos eternos segundos, se dio media vuelta y le dijo al hombre:

- Se la compro, póngale precio.

- Jeje, tranquilo buen hombre. Lo invito a la subasta que realizaremos la semana próxima, cuando termine la muestra. – continuó informando Rogelio Sánchez.

Felipe le agradeció cordialmente el dato al curador y se fue apurado. Mientras caminaba pensaba varias cosas: debía comprar esa pintura, hacer una oferta lo suficientemente generosa y tentadora, y además, tenía que ponerse a investigar sobre pintura en general, ante una eventual charla con Juana. De pronto sintió que debía empezar a pintar él también.